19 jul. 2010

orinando en la ducha

le metí el dedo en el ombligo
y él brincó, con un brinco asustado, apartándome lo miré con una curiosidad divertida.
me dijo: no me metas el dedo en el ombligo porque me recuerda a mi tío en mi infancia.
yo no me reí a falta de comprensión. a mí mi infancia me recuerda a juegos y por eso he aprendido a amar jugando.
perturbada y así excitada, le bese su estómago lleno de lunares metiéndole el dedo en el culo con un sólo movimiento y él cerró los ojos abriendo la boca.





(burbuja musical: besito de coco)

2 comentarios:

Yuri BecZam dijo...

Jaja... ¡yo también amo jugando!
¿hay diferencia?

das pleiades dijo...

mmm juegos de exceso de placeres y dolores,

es más, de placeres encontrados en cosas que "no se deben" desear